Los colores de la música del jazz,…pasión arrolladora,…. seducción descarada,… provocativa forma de exposición, luz danzante y una casi salvaje vitalidad. Son las sensaciones experimentadas ante la obra de Thora Hamilton; coloreados en culminantes tonos fluorescentes, o monocromáticos en blanco y negro, sus sujetos XXL estallan con vida en una fusión de misterio y sensualidad.
Los colores van aplicados con fuerte energía, para animar los ojos persuasivos, labios carnosos “pinchados de abejos” y cabellos a la brisa de esos super-engrandecidos iconos de la Hamilton, casi tocables y tan cercanos, en un instante de visión cara-a-cara que se congela en el tiempo.
Una expresionista post-Pop por definición, Thora pinta rápidamente en el piso, creando formas de todos los lados en espontáneos arroyos de color y secuencias de signos, interpuestos con los contornos precisos y facciones de rostros y figuras que parecen ser vulnerables aunque sean resistentes, reticentes y también muy decididos en su compleja y contradictoria presencia.